Con la evolución de la cocina, cada vez son más los sentidos que se han ido incorporando a la experiencia de saborear un excelente menú. El gusto, digamos, se daba por supuesto, y el olfato –del que, en última instancia, se deriva el gusto- ganó protagonismo a medida que los comensales dejaron de considerar de mala educación disfrutar de los aromas que emanaban de un plato antes de hincarle el diente.
A continuación llegó la vista, atendida por el especial cuidado que se ponía en la presentación de las preparaciones, y que en la cocina española dio lugar al verbo «emplatar». Y el tacto está presente en algunos platos específicos que prescinden del uso de cubiertos. Faltaba sólo un sentido por atender: el oído, al que en principio parecía difícil encontrar alguna relación con el mundo gastronómico…
Hasta ahora. Cada vez más, en algunos restaurantes lo que se oye durante la hora del almuerzo o la cena va más allá de la mera música de fondo, y toma la forma de listas de reproducción cuidadosamente seleccionadas por los propios dueños del restaurante, o por empresas especializadas. Su objetivo es asociar en el máximo grado posible lo que se escucha con lo que se come, y con el estado de ánimo de la clientela según la hora del día en que acuda al local. Por ejemplo, en los restaurantes más vanguardistas predomina el jazz suave y la música étnica, como los dos estilos que mejor transmiten la sofisticación y el cosmopolitismo que hay en los platos.
¿Exagerado? El hecho es que hay empresas que han desarrollado una inmunidad a la crisis a base de elaborar listas de reproducción para eventos concretos, o para establecimientos de todo tipo, restaurantes incluidos. Entre ellas se encuentran Audiostiles o The Playlist Generation; la primera cuenta entre sus clientes con el prestigioso chef americano Thomas Keller, y la segunda se declara especializada en la creación de listas de reproducción para cualquier evento o local. Su Consejero Delegado, Michael Smith, asegura que la elección de música clásica suave a la hora de cenar puede incrementar el gasto en bebidas en más de un 40%, mientras que a la hora del almuerzo es mejor optar por melodías con más ritmo. Un concepto muy similar al que tienen cadenas como The Coffee Bean and Tea Leaf, que llevan años usando listas de reproducción, donde puede encontrarse un poco de todo, desde lo más vanguardista a lo más clásico, pero procurando siempre poner los temas animados por la mañana, cuando la gente va con prisas, y dejar la música tranquila para la salida del trabajo.
En unos tiempos donde la competencia se intensifica para hacerse con una clientela ajustada por la crisis, la música puede ser el último recurso. No se trata de que amanse a las fieras, sino de que consiga que los comensales pierdan toda su prisa por irse.


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