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Viajar, visitar y comer, todo en uno

En el siglo de la globalización, en el que quien más o quien menos ha viajado alguna vez fuera de su paí­s o incluso de su continente, la oferta turí­stica básica ya nos es suficiente. Desde hace algunos años, los hosteleros han tenido que rebanarse los sesos para crear nuevas formas de atraer y entretener, a la vez que dan a conocer la ciudad y sus costumbres.

Vivimos en la era de las sensaciones, y por muy bueno o rompedor que sea un local, comer o cenar en un restaurante no constituirá un éxito si no supone una experiencia. De este pensamiento han nacido las prácticas culinarias sobre medios de transporte, una iniciativa cada vez más generalizada, que permite al turista degustar la comida tí­pica de un lugar mientras se deleita con sus monumentos más emblemáticos.

La última experiencia más rompedora del sector es el Gourmet Bus, un innovador servicio de autobús turí­stico que incluye un recorrido panorámico por los lugares más emblemáticos de Barcelona, junto a la degustación de una comida o cena con el sello del chef con estrella Michelí­n Carles Gaig. Esta nueva manera de entender el turismo, impulsada por el grupo Julií , cuesta 95 euros, con un recorrido de tres horas, e incluye una parada de hora y media en algún lugar con vistas de la ciudad, en el que se sirven 7 platos de alta gastronomí­a. El autocar tiene dos plantas y está equipado para acoger a 30 pasajeros. Además, en las mesas hay instalados unos ipads con un sistema interactivo para consultar información, tanto de los destinos visitados, como de los platos que se degustan. Esta nueva opción turí­stica ya ha anunciado réplicas en otras ciudades como Madrid, Parí­s, Roma y Miami

Definitivamente, la gastronomí­a se cuela en todo tipo de propuestas turí­sticas, sobre todo en paí­ses y ciudades donde la cocina es parte esencial de su cultura. Así­ nació el exitoso Ristotram de Roma, un tranví­a en el que se puede degustar la tí­pica cocina italiana, mientras se hace un recorrido por la historia y la arquitectura de la ciudad. O el famoso Picnic al Cel, en el que por 40 euros se puede degustar una cena en las alturas, prendido del Teleférico de Montjuí¯c (Barcelona).

Pero además de estas innovadoras iniciativas, hay otras ya asentadas en nuestras rutinas de viaje a lugares desconocidos. A la mí­tica cena en el Bateau Mouche, por el rí­o Sena de Parí­s; se han unido ya otras como la cena por el Danubio en Budapest, por el Bósforo en Estambul o por el Moldava en Praga. Además, esta idea también ha llegado a España, a pequeña escala, y ya es posible cenar en un barco por la rí­a de Ferrol (Galicia).

Como todos, los sectores del turismo y la hostelerí­a son innovar o morir, algo que sin duda se está haciendo en Europa, ya sea sobre ruedas, raí­les o flotando sobre el mar.

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