Hay sabores que permanecen mucho después de haberlos probado. A veces proceden de una gran cocina; otras, de lugares mucho más sencillos: una receta familiar, un puesto en una calle de Tepic o el pescado tatemado que un vendedor transportaba en bicicleta mientras recorría la ciudad. Con los años, esos recuerdos pueden acabar convirtiéndose en algo más que memoria y empezar a construir una manera de entender la cocina.

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